Día 4. Colombo.
Hemos descansado. No lo suficiente pero hemos descansado bastante bien, y eso es importante, sobre todo para poder aguantar el calor que hace durante el día. Esta noche ha caído una tormenta de las que asustan. Fuera se movía y se caía todo. Daba un poco de miedo, la verdad, sobre todo si uno piensa que esta playa fue engullida hace 6 años por el famoso Tsunami. Acojona.Tras desayunar picantito, para variar, pero más por gusto que por obligación, ya que también había dulces y pastelitos a parte de la especie de empanadillas de verduras y pescado que me he comido, nos hemos ido a Colombo, la capital. La madre de Rehana tenía que hacer unas gestiones en el Banco de Ceilán y nosotros también teníamos que pedir un permiso en el Ministerio de Asuntos Internos para poder visitar Jaffna, en el norte, donde durante más de 25 años se ha librado una cruenta guerra civil que el año pasado acabó, drásticamente, por la intervención militar del gobierno que sin reparo alguno cargo contra los malos y contra miles de inocentes civiles. La cuestión es que acabó y ahora el norte es un destino interesante para visitar, tanto para el turista que quiere saborear el lado más indio-tamil de Sri Lanka, como para los propios locales, que viajan a ver cómo está la zona, ya que muchos de ellos ni siquiera la conocen. Nos han dicho que no es peligroso, que no hay problema en ir allí, pero que igualmente hay que tomar precauciones, sobre todo por la noche, y tener claro qué se quiere hacer y sobre todo tener seguro dónde se va a estar alojado, por si las moscas.
Negambo dista de Colombo en tan solo 30 km pero las carreteras bastante fastidiadas y sobre todo el intenso tráfico, no exageran las guías, hace que se tarde más de 1 hora en llegar. La verdad es que no es más que otra gran urbe de las muchas que hay por Asia y que ya conocemos. Coches y coches, motos a porrones y tuk tuks o triciclos motorizados. Caos increíblemente ordenado. Ruído, mucho, pitos, muchos más, y dióxido de carbono que alimenta. Te duchas al llegar al Hotel y sale una de mierda sorprendente y los mocos, vamos parecen carbón. Es en definitiva un agobio constante al que se le une el bochorno pegajoso de los 35 grados de hoy y la irritante presencia constante de vendedores, listillos que van de guías o mirones. ¿Qué cojones hacemos en Colombo? Os preguntaréis… pues poca cosa, la verdad. No es uno de los objetivos marcados como interesantes en nuestro itinerario aunque hay 3 o 4 cositas muy interesantes para ver. Aún así hoy no lo hemos hecho, no hemos visto casi nada.
Nos ha vuelto a llover a ratos, es el segundo día que estamos aquí y el segundo que nos chaparronea. Hemos solicitado el permiso para viajar al norte y en principio tenemos que volver mañana a recogerlo. Para poder llegar al lugar donde se solicita y expide el susodicho papelito hemos tenido que cruzar varios controles militares. Es sorprendente la seguridad que existe en la ciudad, pues en cada esquina hay un par de soldados, fusil en mano, controlando el panorama, y según la calle, controles en los que paran a los coches y los registran de cabo a rabo. No es de extrañar la fobia pues Colombo ha sido objetivo de atentados terroristas suicidas de los tigres tamiles durante muchos años. Llegaron a cepillarse incluso a varios ministros. Ahora con la guerra recientemente acabada, con un nuevo presidente (desde hace poco más de un año) muerto de miedo a las represalias por la escabechina que montó, y con un montón de soldaditos que no tienen nada que hacer ya en norte, o por lo menos mucho menos que antes, se encuentra uno un Colombo tomado por las fuerzas militares. Da respeto pero tampoco hay que obsesionarse con ello. Es más, ser occidental, blanco, suda, en estos casos es una ventaja, pues si nos paran, al bajar el cristal de la ventana, automáticamente nos dan vía libre. Me empiezo a sentir como Bardem.
Hemos comido genial, un buryani, mezcla de arroz, verduras y pollo rustido previamente hecha, en un restaurante musulmán de los que me gustan a mí, tirado de precio, riquísimo y sobre todo auténtico, pues es donde comen los locales, donde acuden con toda la confianza del mundo. Luego hemos callejeado un rato por el barrio de Pettah, uno de los más tradicionales y auténticos, en los que se pueden observar diversos oficios realizados en la misma calle, desde herreros, costureras, floreros o panaderos llevando el pan de un lado a otro con sus propias manos, de lo más higiénico. Por cierto, ya que hablo de pan, aquí se le llama igual, y es que la herencia portuguesa aún se puede apreciar en palabras como zapato, armario, o toalla. Y no sólo en el léxico también en lo religioso, la herencia lusa sigue estando hoy en día muy presente. El cristianismo católico es una de las religiones minoritarias en la isla junto con el Islam, un 8 o 9 % de la población aproximadamente practica cada una de ellas mientras que las mayoritarias son el budismo, sobre todo en el centro del país, y el hinduismo que se desarrolla en el norte y este de Sri Lanka. Una cosa muy curiosa que llama mucho la atención es el culto a las imágenes sagradas. Todo viene por supuesto del cristianismo portugués pero aquí, como en otros lugares de Asia como Filipinas, la religiosidad se vive de una manera muy ferviente, idolatrando al máximo. Hay figuras de santos prácticamente en cada esquina, las adornan con flores, las cuidan y las iluminan, pero no con velas, sino con luces y neones, llegando al punto de parecer más que anuncian putiferios que imágenes sagradas.
Después de echar el día con todo ese jaleo de la capital hemos vuelto a Negambo. Ducha fresquita y una cena casera que nos ha hecho la mujer de Sashi. Como siempre buenísima la comida, que consistía en lo de siempre: arroz, verduritas, pollo, y mucho mucho curry y sabor. Luego hemos dado una vueltecita por Negambo, que realmente tiene poco que ver excepto el espectacular mercado de pescado que visitaré a la vuelta del viaje por la isla. Hay que levantarse a las 6 de la mañana pero es espectacular y auténtico. Hemos estado en la antigua tienda de los padres de Rehana, muy cambiada según ella, y por toda la zona playera que arrasó el Tsunami, Hemos paradop en un Hotel de estos playeros de lujo, no como en el que estamos, a echar una cervecita, una Lion, la cerveza nacional, y nada al rato pa casa a sobar que mañana tenemos más día familiar. A ver si se acaba ya este rollo y empezamos con lo bueno. Un poco de paciencia, un poco más sólo.
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