Día 3. Negambo.
Hemos llegado al fin a Colombo. A eso de las 4 de la mañana hora local, sobre la 1 de la madrugada hora española. Nada más encender el teléfono me he enterado que España está en cuartos, que ha ganado a Portugal con un gol de Villa, y que me da igual si ha jugado bien o mal, simplemente estamos ahí y hay que animar a la Roja. Seremos campeones y lo celebraré en Sri Lanka! Seguro!
El vuelo ha sido cansado y movidito. En Doha hemos estado como 2 horas y media de tránsito. Afortunadamente las maletas iban por un lado, de avión a avión, y nosotros simplemente hemos estado haciendo un café y chafardeando tiendas sin preocuparnos de mucho más. Todo muy caro, se nota que por aquí corren los petrodólares. El fogonazo térmico nada más salir del avión ha sido increíble. 36 grados de sopetón en la cara, Zas! En toda la boca! que diría Peter Griffin. Después de sobrevolar el Golfo Pérsico estábamos en pleno desierto, el tinte de todo el paisaje era de un amarillo evaporadizo a modo de neblina que dificultaba ver el horizonte. Mucho jeque elegante con pasta y mucho burka también, obviamente tras los majarajás rebosantes de dinares.
Como decía, el vuelo de Doha a Colombo, en la misma Qatar Airways pero en un avión distinto, más pequeño, ha sido movidito. Hemos tenido niños llorando, una lipotimia un pelín teatralizada de la madre de Rehana y bastantes turbulencias, pero tras 4 sufridas horas por los aires del Mar Arábigo y el Océano Índico, finalmente hemos llegado a Colombo. La salida con las 15.000 maletas que traían las mestresas (no Rehana que está bien cursada en esto de viajar de mochilera) ha sido apoteósica. Un caos de carros rompetobillos, gente gritando y coches pitando en una madrugada, aún oscura, con más de 30 grados a eso de las 4 y media de la mañana es con lo que hemos tenido que luchar para poder salir del aeropuerto. El bochorno impresionante. Por suerte, Shashi, el tío joven de Rehana, tal y como ella lo llama, nos esperaba con una minivan que ha alquilado sólo para hacernos la ruta a nuestro gusto, un lujazo! Hemos hecho las presentaciones y reencuentros pertinentes y mientras amanecía hemos ido a cumplir con algo indispensable como era el visitar a los abuelos de Rehana, motivo básico por el que ha venido su madre. Están muy mayores y entre el alzehimer de una y la barra fija del otro el panorama es triste. Lógicamente para Rehana y su hermana ha sido un momento duro pero feliz al mismo tiempo. Después de 10 años han vuelto a su pueblo y han visto de nuevo a su familia. Eran pescadores muy humildes y la casa donde viven, rehecha tras el Tsunami, es de lo más simple posible. Ellos han cambiado y envejecido y aunque ellas sabían lo que hay, siempre se espera que no sea como es. Igualmente hemos pasado allí un rato y hemos charlado con sus tíos y primos. Sólo eran las 7 de la mañana como mucho!
Tras la visita hemos ido al Hotel a dejar las cosas, comer algo de desayuno, y descansar un poco. El jet lag nos ha afectado bastante y con tanto cambio de hora, cambio de avión, comidas seguidas, estábamos ya trastocados, perdidos, zombies (A eso yo añado yo las 2 noches de curro previas al viaje que me han matado…). Así a primera vista, de sopetón, me han sorprendido tres cosas de Negambo, el pueblecito al norte de Colombo donde vive la familia de Rehana por parte de su madre. Los cuervos, miles de ellos y por todos lados, que no paran de gritar desde que despunta el sol y son bastante molestos, los perros callejeros, miles también por todas las carreteras, en un estado bastante lamentable y decrépito (tengo entendido que para los musulmanes son reencarnaciones de ladrones y por eso no los tienen en casa y si pueden darle una patada, se la dan), y los paraguas, que aquí los llevan encima todo el tiempo, ya haga sol para cubrirse de él que no veas como pega el Lorenzo aquí, se suda de lo lindo, ya haga lluvia, que la hace cuando quiere y sin avisar.
En el Hotel, el Silver Sand, frente a la playa y sin lujos, que quede claro, pues ni siquiera hay tele, hemos desayunado rápidamente un exquisito string hopers o hindiap, una especie de espaguetis muy finos de harina de arroz hechos al vapor con una salsa amarilla de curry y gurmeja, y un acompañamiento de pol sambol, una ensalada de coco triturado, chili, y cebolla, y tras ello, como quien no quiere la cosa, nos hemos echado un rato a descansar hasta las 11. Nos hemos levantado peor como era de esperar, más cansados, pero como Sashi ya tenía la Van en la puerta pues no había excusa posible, y qué coño, estamos en Sri Lanka y hay que aprovechar. Nos hemos ido al centro del pueblo a cambiar pasta, 1 euro 140 rupias, y de camino nos ha dado una vuelta por los lugares donde discurría la vida de estas mujeres: su antigua escuela, su pastelería favorita, la casa de Fulanita o la tienda de Menganita, etc… de algunas cosas se acordaban, de muchas otras no, pero ha sido emocionante para ellas. Hemos callejeado un rato más, hemos comprado unas tarjetas de teléfono para llamarnos mientras estemos por aquí y luego nos hemos ido a comer de verdad. Comida comida. Comida en serio. Arroz, verduritas, pescado, frutos secos, todo con especias riquísimas, y por supuesto comido con la mano. Qué lujo comer de pobre! Menos de 1 euro un plato que cuesta acabarse. Aquí nadie muere de hambre, es imposible aunque eso sí, vivian sin tener nada de nada. Luego un zumito de papaya natural impresionante, y es que en Asia en general la verdura, la fruta y el pescado es de lo más fresco, del campo o el mar a la mesa, muchas familias siguen, por ello, sin tener frigorifficos en casa.
Hay que cumplir con la familia, ya se sabe, sobre todo durante los primeros días en los que uno está aquí. Por ello por la tarde hemos ido a casa de Sashi, que está en un pueblecito entre Negambo y Colombo. Viven él , su mujer y su hija en una casita muy muy humilde pero situada privilegiadamente en lo que se podríamos llamar jungla. Palmeras, plataneros, arbustos de mil especies diferentes, pájaros por doquier, ruído cero… un paraje increíble ciertamente. Charla, risas, los plátanos más dulces que he probado en mucho tiempo, y negocio. Hemos negociado cómo haremos la ruta, qué es lo que tenemos pensado y qué es lo que él nos aconseja, cuánto nos cuesta y todos esos detalles que se deben tratar en un ambiente relajado. Finalmente hemos decidido quedarnos con la furgo todo el mes. Nos sale mejor de precio y así podemos hacer lo que nos plazca y cuando nos dé. 500 euros todo el mes, 100 euros por cabeza, 3,3 euros al día… aire fresquito, kilometraje ilimitado… miradlo como queráis, pero está muy bien. Podremos montarnos el itinerario como habíamos pensado, nos ha dicho que el norte no es peligroso y es interesante porque es prácticamente una parte de la India tamil, y hemos estado comentando con él, alguien experto en el tema, detalles de esa índole. De vuelta al Hotel, medio sobao perdido otra vez, nos ha parado en un minipuestecillo de los que por aquí abundan y son tan típicos, para comer hopers, una especie de entrante hecho en forma de tortita de harina de arroz con leche de coco que se toma con una salsa picante de chili. Buenísimo y tirado de precio. Hemos comido y bebido 6 personas por unas 400 rupias, 3 euros y medio. Increíble pero cierto.
Ahora son las 9 de la noche y creo que ya es hora de dormir. Rehana ya lleva un rato muerta en la cama y yo ya empiezo a ceder, así que nada, aunque todavía no hemos hecho gran cosa y la aventura aún no es tal, las primeras impresiones son geniales y las expectativas si caben mayores. Me encanta Asia.
1 comentario:
que grandes.....no hay nada más que decir, con la manera de acabar ya dices todo....así que no hay que preocuparse por nada, sabemos que disfrutas de todos los sitios, de sus COMIDAS, su gente, paisajes...así que solo deciros que disfruteis al 100% ...aun os quedan muuuchos dias jejejej
recuerdos de todos
Sara
Publicar un comentario